Salud mental perinatal

 

 

El hecho de convertirse en madre, padre y la creación de una familia son unas de las etapas más importantes y trascendentales de la vida y, como tales, también entrañan cierta complejidad emocional.

Tenemos que conocer a nuestro/nuestros bebés, conocernos (a nosotras mismas y a nuestra pareja ) en una nueva faceta: la de madre y la de padre ; encajar al entorno en esta nueva etapa: abuelos, tíos, amigos… Y todo ello envuelto en un vaivén de hormonas, agotamiento y miedos propios de esta etapa.

 

Una etapa que, a su vez, es una sucesión de muchas: el postparto, la lactancia, el sueño, la alimentación, posibles contratiempos e infinidad de primeras veces e hitos significativos. La maternidad lleva implícito el hecho de aprender a convivir con emociones muy intensas y diversas. Tanto positivas, como la alegría, ilusión, orgullo, plenitud… como otras más negativas como el miedo, la tristeza, incomprensión, soledad, desasosiego… Todo ello unido al cansancio. Pero muchas veces se nos olvida que aprender a gestionar todas estas emociones y un nuevo estado vital, no es tarea sencilla.

Además del postparto inmediato, en el que pueden darse estados como la depresión post-parto y/o baby blues, pueden presentarse cuadros de estrés, ansiedad y agotamiento emocional. Los cuales pueden afectar tanto a la nueva madre como al padre.

 

Conozcamos cada uno de ellos:

Depresión post-parto: Alteración del estado de ánimo que se caracteriza por una gran tristeza, ansiedad, irritabilidad, cambios de humor, miedos, culpa, desidia… y la manifestación física de todas estas emociones en forma de insomnio, taquicardias, falta de energía o problemas alimenticios. Aunque se le llama post-parto, puede presentarse desde las primeras semanas y a lo largo del primer año, aunque lo habitual es que se manifieste durante los tres primeros meses tras el parto. Además de las emociones citadas anteriormente, la nueva madre siente un gran cúmulo de sentimientos encontrados, puesto que se supone que debería estar inmensamente feliz, y así es, pero también está triste, cansada, aprendiendo (y equivocándose, como en todo aprendizaje), y además de sentir culpabilidad por todo ello, también se siente sola e incomprendida. Puesto que muchas veces el entorno no presta la atención, empatía o apoyo que ella necesita, o como lo necesita.

Baby blues: los síntomas son comunes a los de la depresión post-parto, con la diferencia de que se trata de una respuesta fisiológica y normal típica de la privación del sueño, miedos y baile hormonal de los primeros días que desaparece por sí solo.

El agotamiento emocional es un estado al que se llega por sobrecarga de esfuerzo psíquico: conflictos, responsabilidades o estímulos adversos de tipo emocional o cognitivo. Se trata de un exceso de emociones, responsabilidades, contratiempos y autoexigencia, siendo esto último muy propio de la etapa perinatal. Queremos dar todo. O mejor dicho, lo damos todo, pero tenemos la sensación continua de que no es suficiente y no llegamos.

Por lo general, una persona con agotamiento emocional también suele sufrir de agotamiento físico. El mayor agravante para un estado así es el cansancio y es habitual que la persona agotada carezca de tiempo para sí misma. Pasando a un segundo plano y primando su figura de cuidador/a por encima de cualquier otra. Al menos durante los primeros meses de vida del bebé.

 

La llegada de un nuevo miembro es la mayor de las alegrías, pero también puede nublar nuestra identidad en algunos sentidos si no se recibe el reconocimiento, el afecto, la empatía o la consideración que se necesita. Se espera que la reciente mamá rinda y esté a la altura todo el tiempo y se dejan de lado sus necesidades.

Y también del papá, al que muchas veces se le otorga la figura de consorte olvidando que está tan implicado como la madre y que, aunque a distinto nivel, también necesita apoyo, descanso y escucha.

 

 

Cuidarse para poder cuidar

Por este motivo, tanto en el postparto inmediato como más adelante -seamos madres, padres o no- es de vital importancia contar con tiempo de autocuidado.

Tiempo de calidad, ya sea mucho o poco, en el que podamos dedicar algo de atención y espacio a lo que sentimos y necesitamos. Somos conscientes de que encajar esto en la vorágine vital de la m(p)aternidad, el trabajo y las rutinas del día a día es complicado, pero debe abordarse como un hábito saludable para garantizar nuestra salud y nuestro bienestar emocional. Dedicar tiempo al ocio y a las aficiones no siempre es posible, pero existen pequeños gestos que nos ayudan a recargarnos y a reconectarnos.

● Algo tan sencillo como meditar cinco minutos al despertarse o antes de irse a dormir.
● Leer unas páginas de un libro.
● Escuchar un podcast o un audiolibro.
● Escribir qué sientes y cómo te sientes.
● Hablar por teléfono con una amiga/o si la falta de tiempo no te permite salir y hacerlo presencialmente.
● Una mascarilla y una infusión.
● Un paseo.
● Hablar con tu pareja antes de dormir. No solo de responsabilidades y de vuestras tareas como padres. Hacerlo como pareja. Y como entes individuales con necesidades e ilusiones propias.

Existe una etapa de entrega total a la nueva figura de madres y padres en la que olvidamos todo lo que no sea este rol, pero una vez pasado el aislamiento inicial del mundo y de lo que nos rodea, debemos aprender a buscar el equilibrio entre cuidar y cuidarnos.

La salud mental es tan importante como la física. Ambas están íntimamente ligadas y son los engranajes de nuestro bienestar. Y del bienestar de la familia. Es imposible cuidar o estar a la altura de las exigencias de la vida si no nos cuidamos primero.

Si crees que puedes estar viviendo algo así, pide ayuda. Tanto profesional, como a tu entorno. Una red de apoyo que pueda sustentar nuestras emociones y con quién poder compartir lo que sentimos. Afortunadamente, a día de hoy existen especialistas para ayudarnos a transitar todo tipo de situaciones. Por ejemplo, si tienes dudas sobre lactancia, una consultora en lactancia certificada o IBCLC (International Board Certified Lactation) podrá ayudaros a gestionarla más fácilmente. Si se trata del sueño del bebé, un sleep coach podrá daros pautas para mejorar la calidad del sueño y generar rutinas.

Y si tenéis dudas respecto a la salud de vuestro bebé, no dudéis en apoyaros en vuestro pediatra de referencia. Dentro de los contratiempos habituales, pueden darse situaciones como los cólicos del lactante, los cuales pueden llevar al límite la tranquilidad de los padres. El llanto del bebé es un gran estresor porque biológicamente estamos preparados para entrar en modo de alerta y cuidar de él. Si a esto le añadimos la incertidumbre de no saber qué le pasa ni cómo calmarle, se genera una situación de gran estrés para la familia. Por este motivo, existen estudios que avalan que el uso de L.reuteri DSM 17938 supone una mejora en el bienestar del bebé, reduciendo por ende el tiempo diario de llanto y mejorando la calidad de vida de la familia.

Si el bebé está bien, vosotros estaréis mejor. Pero si vosotros no estáis tranquilos, sanos y fuertes, difícilmente podréis cuidar de él ni calmarle siempre que lo necesite.

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