Cómo acompañar y gestionar el paso de bebé a niño, por Sara Noguera de Kimudi Crianza

Sería fácil escribir un artículo hablando sobre cuáles son los marcadores que a los adultos nos demuestran que nuestros hijos e hijas ya han dado un paso más en su crecimiento dejando atrás la etapa bebé, al final no dejan de ser unos marcadores que permiten, tanto a los profesionales como a los padres y madres, saber en qué fijarse para poder afirmarlo.

Pero pocas veces de habla de cómo acompañar porque, erróneamente, nos han hecho creer que debemos saberlo o que nos sale de forma natural.

Y nada más lejos de la realidad.

Aprender a acompañar a nuestros niños y niñas es un trabajo que se aprende y se va perfeccionando a base de practicar, porque a sabe ser padre hasta que llega el día de serlo.

Hoy os quiero compartir las claves que yo considero que son primordiales para ser actores secundarios en su crecimiento, porque nosotros estamos para ayudarles, pero ellos son los que lo conseguirán:

  • No esperes de él, observa: con esta cultura de la comparación y la sobre exigencia tan arraigada estos dos últimos siglos de historia occidental, muchas veces nos olvidamos de lo imprescindible que es individualizar el acompañamiento. No hay manual, ni teoría, ni ejercicio, ni profesional que te vaya a dar más información sobre cómo es un niño que tu propio hijo. Dedica un rato al día a ver cómo interactúa, como se enfrenta a las dificultades, cómo comunica sus necesidades o cómo de consciente es ya de todo aquello que le sucede y realiza. Te mostrará sus ritmos, sus inquietudes, sus puntos fuertes y débiles y tú, a partir de ellos, le podrás acompañar para irle dando herramientas, recursos, correcciones o felicitaciones que irá interiorizando para hacerlas suyas y avanzar. Porque si observamos y nos ofrecemos siguiendo sus tiempos, nuestros hijos e hijas tendrán avances sólidos y llenos de seguridad en ellos mismos.
  • No te olvides de lo dependiente que sigue siendo: Cualquier cría de mamífero sigue buscando a su madre para sentirse reafirmado en lo que hace, nosotros somos un mamífero más. Va a seguir necesitando tu ayuda en muchas cosas que ya dabas por sentado que controlaba perfectamente pero lo hará más por reafirmar el vínculo emocional que tenéis que por la incapacidad de realizar algo. Te pedirá que le ayudes a comer y no es porque no sepa, sino porque así puede comprobar que sigues disponible; te pedirá que le lleves en brazos no porque no sepa caminar, sino porque no se le ha ocurrido en ese momento una forma mejor de pedir atención o afecto. No hay forma más pura e inocente de demostrarnos que necesitan de nuestra atención, pero no siempre de nuestra acción.
  • Acompáñalo todo con afecto: Todo, sin complejos. Nunca sobra un abrazo, nunca sobra un beso, nunca sobra una caricia. Aunque tu hijo o hija haya hecho lo más horrible del mundo nunca vas a dejar de quererle, por lo que no te prives (ni le prives) de saber que siempre hay espacio para una muestra de cariño antes, durante, o después de cualquier interacción, ya sea corregir, explicar, llevar a la calma o jugar. El afecto fortalece la autoestima, da seguridad, nos hace sentir parte de algo y nos enseña que el vínculo siempre será más poderoso que cualquier suceso.
  • No utilices los conceptos mayor o pequeño como “estímulos” que provoquen situaciones: De nada sirve utilizar comparaciones para “intentar” que aprendan, que mejoren o que avancen. Que comprueben que lo que hacen tanto bueno como malo (siendo conscientes de la subjetividad de estos conceptos) es parte de su crecimiento, que ni es una competición ni tiene nada que demostrar. Que es un ser humano como todos los demás y tiene el mismo derecho a ser protagonista de su propia vida como cualquier otra persona.
  • Déjale que tome decisiones y a partir de las mismas guíale o redirige: Que las niñas y los niños sean capaces de aprender a partir de tomar decisiones y comprobar las consecuencias de las mismas (al igual que con las acciones) les hará sentir responsables de todo lo que conlleva cada una de ellas y, al ser conscientes, estarán más abiertos a escucharte para mejorar. Porque todos queremos ser parte activa de la tribu, parte activa de la sociedad, pero si no nos dejan explotar nuestra curiosidad, al final nuestro impulso de avanzar se quedará “adormilado”.
  • Acepta las regresiones como parte del crecimiento: Todos y cada uno de los avances que nos ayudan a comprobar (y demostrar al entorno) que vamos creciendo experimentan regresiones, es la manera más directa que el cerebro ha encontrado para afianzar la información para nosotros y a la vez para provocar en el entorno una atención que le sirve, al cerebro de nuevo, para comprobar que, aunque ya no lo necesite, el entorno sigue disponible. Aceptarlas no es resignarse ante ellas, es asumir que tienen que suceder de forma puntual y que cuanto antes las acompañemos sin juicios, con paciencia y atendiendo a las necesidades de los niños, pero sin dejar de recordarles lo ya conseguido previamente, antes desaparecerán.
  • Comparte tus vivencias para hacerle sentir más seguro en las suyas: Que cuando ellos te cuenten una historia tú les cuentes que has vivido las mismas cosas, que les compartas cómo te sentiste y cómo o con quién lo conseguiste solucionar o realizar, a nuestras niñas y niños les es más útil que cualquier recurso. Comprobar que su madre, su padre, la persona que más le quiere, no sólo ha vivido lo mismo si no que ha tenido que aprender a enfrentarlo y muchas de esas veces necesitó ayuda externa no hace más accesibles (si cabe) y comprobarnos imperfectos es un regalo.
  • Nunca minimices lo que te comparte: Su forma de ser, su edad, sus amistades, sus lugares habituales de emplazamiento… todo condiciona cómo somos y cómo nos comportamos y por eso nadie tiene la verdad absoluta. Que un adulto pueda ver como algo “simple” o una reacción “excesiva” tiene más que ver con las propias vivencias personales y deja de lado una de las claves inamovibles de la crianza: la empatía. No se valora lo que hace el otro porque no somos el otro, ayúdale a dale herramientas en base a las flaquezas que te está mostrando o compartiendo y así podrá aplicar a su realidad lo que de verdad necesita y no lo que, desde fuera y con nuestro prisma personal, consideramos.

Antes era un bebé, ahora empieza a ser un niño. Dejémosles ser niños y evitemos que esta sociedad llena de prisas marque nuestra hoja de ruta en la experiencia más intensa, exigente, cansada, pero a la vez, más emocionante que vamos a vivir en nuestra vida.

Sara Noguera

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