Cómo sobrevivir a los virus gastrointestinales infantiles y otras patologías de la temporada de frío

Empieza el frío, los coles cierran las ventanas y al grupo de whatsapp de padres comienzan a llegar mensajes como “mi peque anda malo de la tripa”. Sí, nos entra un sudor frío al instante porque sabemos lo que toca: noches en vela, termómetros, lavadoras infinitas y mucha penita al ver a nuestros peques tan decaídos.

Solemos pensar que lo hacemos fatal o que nuestro hijo tiene las defensas por los suelos, pero la realidad es otra. Es el ciclo natural: los niños interactúan, comparten juguetes (y babas) en espacios cerrados. Los virus son, literalmente, inevitables. 

Pero oye, que no cunda el pánico. Saber cómo actuar nos dará la tranquilidad que necesitamos para acompañarles desde la calma. Toma nota.

El temido virus gastrointestinal: vómitos, diarrea y el riesgo de deshidratación

Si hay algo que nos da pavor, es la gastroenteritis infantil. Ese momento en el que el niño no retiene nada en el estómago es desesperante. Sin embargo, nuestro objetivo principal no es sólamente que vuelva a comer macarrones cuanto antes, sino evitar a toda costa la deshidratación y recuperar paulatinamente su microbiota intestinal.

Cuando estamos en plena fase de vómitos repetidos, el cuerpo del peque necesita un respiro. Lo ideal es dejarlo un ratito en ayunas para que asiente el estómago y, después, empezar a ofrecer suero de rehidratación oral. Y aquí viene el truco: dale el suero con jeringuilla o a cucharaditas muy poco a poco (cada 5 minutitos). Si le das un vaso entero porque tiene mucha sed, lo más probable es que lo vuelva a vomitar *(1).

¿Y qué pasa cuando los vómitos cesan pero llega la diarrea infantil? Pues que seguimos perdiendo líquidos a pasos agigantados. En esta fase, los probióticos son clave. Empezar a tomarlos desde el inicio de los síntomas ayuda a repoblar la microbiota (que se queda arrasada) ayudando a recortar los días que dura la diarrea *(2).

¡Ojo a las señales de deshidratación! Sin alarmarse, vigila las señales y acude a urgencias si notas a tu hijo extremadamente decaído, si llora sin lágrimas, tiene la boca muy seca o si le haces el conocido “signo del pliegue” (pellizcar suavemente la piel de su tripita) y la piel tarda en volver a su sitio *(3).

Mocos, tos y el bucle infinito de los resfriados

Al igual que los virus gastrointestinales, si tu hijo va a la escuela infantil, es matemático: va a encadenar un resfriado con otro. De hecho, lo normal es que pasen entre 8 y 10 resfriados cada año, y como cada uno dura entre 7 y 10 días, apenas tenemos tregua. Da la sensación de que están malos desde octubre hasta mayo.

El moco, por muy molesto que sea, es el mecanismo de defensa de su cuerpo. Nuestro trabajo aquí es facilitarles la vida con lavados nasales (sobre todo antes de comer y dormir para que estén confortables). No hace falta volverse locos medicando cada estornudo. Eso sí, hay que vigilar si la fiebre se alarga más de 3-4 días, si la tos dura más de tres semanas, o si vemos que se hunden las costillas al respirar. Ahí, directos al pediatra*(4).

¿Manchas en la piel? La prueba del vaso (o de las petequias)

Y para rematar el combo invernal, están las erupciones cutáneas. La mayoría son virus que no revisten gravedad, como el famoso Boca-Mano-Pie. Pero hay un truco casero súper útil que Anna Estapé nos recuerda siempre para diferenciar algo leve de una urgencia médica: buscar petequias.

Las petequias son como pecas rojas o color granate oscuro. Si presionas la manchita (puedes usar un vaso de cristal transparente para verlo bien) y la mancha no desaparece ni se pone blanquita, debes considerar acudir a urgencias. Si al apretar desaparece, todo bien; es probable que sea un exantema vírico común, aunque siempre es buena idea que le eche un ojo el médico *(5).

La tribu y la paciencia te salvarán el invierno

Consejo: baja las expectativas. Habrá días en los que tu casa parezca una enfermería, y está bien. Acompaña sus virus con mimos, abrazos y mucha paciencia. Tu tranquilidad será su mejor medicina. No hay padres perfectos, y enfermar es simplemente el entrenamiento que su sistema inmunitario necesita para seguir adaptándose a este mundo.

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Tranquilidad desde el primer día y en todas las etapas 🙂

 

Referencias

 

*(1) Minuto 26:16. Reuteri (2024, 29 de noviembre). Experto al habla con Anna Estapé @pediatra.annaestape [Vídeo]. YouTube. https://youtu.be/fakQTYUZ65c

 

*(2) Minuto 27:55. Reuteri (2024, 29 de noviembre). Experto al habla con Anna Estapé @pediatra.annaestape [Vídeo]. YouTube. https://youtu.be/fakQTYUZ65c

 

*(3) Minuto 28:27. Reuteri (2024, 29 de noviembre). Experto al habla con Anna Estapé @pediatra.annaestape [Vídeo]. YouTube. https://youtu.be/fakQTYUZ65c

 

*(4) Minuto 04:10. Reuteri (2024, 29 de noviembre). Experto al habla con Anna Estapé @pediatra.annaestape [Vídeo]. YouTube. https://youtu.be/fakQTYUZ65c

 

*(5) Minuto 31:31. Reuteri (2024, 29 de noviembre). Experto al habla con Anna Estapé @pediatra.annaestape [Vídeo]. YouTube. https://youtu.be/fakQTYUZ65c

 

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